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ENCICLOPEDIA OFICIAL DEL NOMBRETE CUBANO ENCICLOPEDIA OFICIAL DEL NOMBRETE CUBANO CUENTOS REALES DE CUBA Autor: Lázaro Echemendía Nombrete: Palabra de origen canario de uso frecuente en Cuba, República Dominicana y otras naciones del Caribe. Equivale a apodo, sobrenombre Publicado hace 3 meses 2 notas ? Ver comentarios Mi amigo del alma… sucia Lo sorprendieron mientras dormía en el apartamento que alquilaba a las afueras de San Francisco. Un olor extra?o (como a fiera salvaje) hizo que abriera los ojos en el último segundo. Sus reflejos de karateka lo ayudaron a esquivar el tajo que venía dirigido a su garganta. Sin otra cosa que hacer, se tiró al piso y fue aquí cuando una segunda estocada le perforó los intestinos, la próxima encontró lugar entre sus costillas y le rompió el pulmón mientras corría desnudo por el pasillo del edificio. Llegó muy grave al hospital, casi sin sangre en el cuerpo. Eso me contó su hermano cuando poco después me llamó para avisarme. Fueron momentos terribles. La noticia, sin embargo, no me sorprendió en lo más mínimo. Yo mismo se lo advertí mil veces, que o dejaba de tentar a la suerte, o lo iban a matar un día de estos. Pero Fabián amaba el peligro y era cosa sabida que el sexo no lo entusiasmaba más que la aventura, los riesgos, de ahí que prefiriera a las que tenían marido. Su destino estaba escrito en los genes que heredó de su progenitor, Francisco, fallecido cuando cumplidos sus 65, el demasiado esfuerzo le rompió una arteria en el cerebro mientras le hacía el amor a una muchachita de Santo Suarez. Su temerario proceder era prueba de que Fabián poco había aprendido de los golpes que recibió de la vida. Que de nada le sirvió el mal rato que pasó cuando el coronel Aquiles, jefe de la policía del Cerro, lo sorprendió cabalgando sobre su mujer. Ni el pistoletazo en la cabeza, ni los bastonazos en la espalda le dolieron tanto como la prohibición de volver a verla. Tal fue la condición que puso el marido a la muchacha para no devolverla, mancillada, a su familia en Pinar del Rio. Ella no sufrió menos que su amante y negada a probar bocado se sumió en una peligrosa depresión. Su estado empeoró con los días y no tardó en llegar la madrugada en que el ronroneo del timbre sacudió a Fabián mientras dormía en su apartamento. Medio aturdido caminó a abrir la puerta y se estremeció al encontrar la figura marchita del coronel, quien, sin uniforme esta vez y ahogado en un mar de lágrimas, lo abrazó diciéndole: Vamos conmigo, muchacho, que se nos muere Adelina. Ahí mismo me decepcioné, me confesó Fabián tiempo más tarde, la chiquita era tremenda hembra pero aquel mismo día dejó de interesarme, podía verla a cada rato y esas cosas pero ya no era igual. Cierto que por aquellos días había conocido a Elisa y eso lo ayudó a compadecerse del coronel. Fue en el malecón, frente al Castillo de la Punta, a las dos en punto de una tarde de marzo del a?o dos mil, bajo un sol implacable que le cocinaba el cerebro, como podría olvidarlo si el encuentro transformaría su vida de estudiante universitario y hambriento. Ella venía en automóvil y el levantó el brazo en cuanto la vio acercarse por la Avenida del Puerto. Se detuvo por lástima, le reveló tiempo después, y por lástima lo llevó hasta su apartamento en la otra esquina del mar. él aprovechó los poquísimos minutos de viaje para contarle de su pasión por el periodismo y ella le habló de su interés en regresar a la universidad, de su hijo peque?o y del error que cometió al casarse casi ni?a. él fingió no interesarse en el Nissan y ella le hizo saber que no era suyo. Pronto vinieron las invitaciones a cenar con vinos de los C?tes-du-Rh?ne, las botellas de Scotch que él en persona escogía de las reservas de la casa, los viajes a moteles del interior y la flamante Kawasaki roja que Elisa le compró con los dólares que le regalaba su marido. Ese hijo de puta me tiene viviendo como un rey, me reveló Fabián una noche que me invitó a La Guarida, su paladar favorito. Bien merecido se lo tiene por chivatón y por comunista. No dejo esta jevita hasta que me vaya de Cuba. Y así como dijo sucedió. Y a la consumación de sus planes lo ayudó, no menos que su pericia en el arte de burlar maridos, los continuos paseos por el mundo del famoso ex atleta, orgullo de la nación y estrella del campo y pista. Jamás la tuve más loca, me dijo Fabián con el mismo desenfado de otras veces-. Me sigue en cuanta locura se me ocurre. Hace unos días me dio por pedirle que trajera para el cuarto las fotos del tipo y desde entonces nos ve haciendo el amor mientras recibe sus medallas de Montreal y las que el comandante le engancha a cada rato en el pecho. Quienes lo conocíamos bien sabíamos que Fabián tenía muy mala mente, que Dios, o vaya usted a saber si el diablo, le concedió la gracia de llevar su alma sucia escondida en un cuerpo magnifico, sus cejas de diablo trasfiguradas en un rostro casi angelical, divino. Mientras ustedes de ni?os jugaban al zorro y a los corsarios –me dijo alguna vez- yo so?aba con ser el hombre invisible, para meterme en el los ba?os de mis vecinas o estar allí por las noches cuando lo hacían con sus maridos. Cuál no sería mi alarma cuando recién llegado a San Francisco, Fabián me llamó para ponerme al tanto de su inminente conquista. La acababa de conocer en las clases de inglés para inmigrantes. Lo más interesante (aterrador cabría decir) es que a Aisha no le había visto la cara ni siquiera una vez, devota de su religión, la mantenía velada a los apetitos impuros de los hombres. Pero aun así –me aseguró Fabian con el impromptu poético que solía imprimir a sus desquicies-, podía leer en sus ojos que la virgen le correspondía, adivinar insinuaciones veladas en su inglés indescifrable, oler los zumos deliciosos de su sexo incorrupto… La obsesión penetró en su subconsciente y fue entonces que empezó a escuchar en sue?os los gemidos de aquella voz recatada y dulce, que sus instintos -siempre despiertos- se empe?aron en abrirse paso hasta el misterio oculto bajo los vestidos, lamer las salivas de su boca, trepar con su lengua las laderas de aquellos pechos tremendos. Fiel a su costumbre de no dar tregua a su presa y desoyendo la advertencia de no meterse con los hijos de Alá, que no toleran afrentas, el cubano echó mano a sus ma?as para romper las barreras de su fe y sembrar en la muchacha el gusano de la perdición. Enterada la familia tocó al hermano mayor lavar la honra de la casa con la sangre maldita del infiel. Su padre impuso su autoridad y ella obedeció la orden de entregarle la llave que guardaba del apartamento donde pecó. Esa misma noche pasó lo que recomienda el Corán. Fabián se moría en el pasillo y Alá el misericordioso, que ve desde las alturas y manda en lo que tiene que pasar, se compadeció de él y envió a tiempo la ambulancia que lo trasladó a Emergencias, a los médicos iluminó el entendimiento y bendijo las terapias que siguieron para darle a mi amigo una segunda oportunidad. Comprendí que no la iba a aprovechar cuando la próxima vez que hablamos, recién salido del hospital, pero todavía convaleciente, me dijo de su inminente conquista: … la enfermera que me atendió, ?que hembra!, y el marido trabaja en el hospital… FIN Lazaro Echemendia Si te gustan mis cuentos no te olvides de dar “me gusta” en facebook abriendo este enlace: NOMBRETES o bajo mi fotografía en la columna derecha ===> Para recibir el blog directamente en tu email, escribe a decubacuentos@gmail.com, poniendo “Si” en el asunto. Para comprar mi libro La isla en cuentos: http://www.amazon.com/isla-en-cuentos-Spanish/dp/0990502503 Publicado hace 3 meses 1 nota ? Ver comentarios La isla en cuentos Estos relatos pertenecen al libro La isla en cuentos (Pluvia, 2015). Para comprar un ejemplar en USA abra este enlace: La isla en cuentos Para comprarlo en Espa?a: La isla en cuentos Disponible también en Amazon para toda Europa Publicado hace 3 meses Ver comentarios . Publicado hace 3 meses Ver comentarios Fuente: amazon.com Sabor a mierda De todos mis sue?os infantiles ninguno duró mas que el deseo de ser fuerte, llenarme de músculos que espantaran a cualquiera, como Hércules, o como Caupolicán, el valiente guerrero de la Arauca cuya leyenda lei tantas veces en una magnifica colección titulada Oros Viejos De aquellos delirios recuerdo en especial el día en que mi abuela, atenta a mis flexiones de brazos frente al espejo, se acercó y amagando una sonrisa me dijo: Pero qué músculos Lazarito, estas fuerte como la mierda de vaca en primavera. Muchas fueron las veces que a partir de entonces, volví a escuchar aquella frase sin llegar a comprenderla del todo. Despues de las pesas las armas eran mi segunda pasión, lo mismo antiguas que modernas. Lanzas, sables de turco, granadas, lanza cohetes, conformaban el a?orado arsenal que los reyes nunca me trajeron. Por fortuna ya para mis a?os de preuniversitario esta bélica obsesion había menguado lo bastante como para que aborreciera a muerte mis clases de preparación militar. De aquellas torturas vespertinas no olvidaré nunca el dia en que fusil de calamina al hombro, corriendo a campo traviesa sobre la hierba húmeda de mayo, escuché la voz de mando del instructor: Ataque aéreo. Fresco el manual en mi memoria me lancé al piso con tal velocidad que apenas tuve tiempo para verla. Parda y circular la descubrí entre la hierba un cuarto de segundo antes de que hundiera mi cara en su interior. Solo entonces comprendí a cabalidad el significado de la expresión: Fuerte como la mierda de vaca en primavera. Fin Lázaro Si te gusta el blog te pido lo digas desde aquí en facebook: NOMBRETES O bajo mi foto en la columna derecha ===> GRACIAS Para recibir directamente el blog en tu email, escribeme a decubacuentos@gmail.com. Escribe “Si” en el asunto. Gracias Publicado hace 4 meses Ver comentarios érase una vez en el oeste Miss Patricia Patrick, directora del Preuniversitario F. N. Brightower quiso saber de mí y le conté que acababa de llegar de Cuba, quería ser maestro y confiaba en que mi nueva profesión me ayudaría a superar la nostalgia por mi tierra y por mi anterior vocación, la medicina. Esperanzas no me dio ninguna, pero salí de la entrevista convencido de que el puesto era mío. Veinticuatro horas después me llamó su secretaria, y a la ma?ana siguiente firmé el mágico contrato que me convirtió en teacher. La propia Miss Patrick me entregó las llaves de mi salón y de cuanto sucedió aquella ma?ana, resalto por su importancia el momento en que Davon, estudiante de onceno grado, levantó la mano para pedirme permiso. Sentado en mi sillón lo invité a acercarse y con gusto despejé sus dudas. él pareció comprender y dándose vuelta se detuvo a escasas pulgadas de mi frente, aplaudió un par de veces como quien reclama atención y tan pronto dio el primer paso estalló un coro de risas. Consumada la rara pantomima regresó dando zancadas a su asiento y nada entendí de cuanto ante mis ojos acababa de suceder, hasta que un hedor inmundo me golpeó la nariz, noqueándome. Han pasado 12 a?os desde entonces, y justo esta ma?ana, tan pronto comenzó el primer turno de clases, descubrí los ojos de mi estudiante Stefan clavados en la pantalla de su Smartphone. ?Qué haces? –le pregunté-. Aquí, viendo este vídeo -me respondió sin despegar la vista del aparato-, son unos tipos de México y no entiendo lo que dicen, pero el video está bueeeeeno, man, awesome! Le dije que quería verlo y él no puso reparos en presionar el replay. De inmediato apareció la imagen de un hombre sentado sobre un piso de tierra con la espalda recostada a una pared. Era muy joven, tenía el torso desnudo y los brazos atados a la espalda. Miraba la cámara a intervalos, con la frente empapada de sudor y los ojos salpicados de espanto. De súbito rompió a llorar y ahogado en sollozos le escuché pedir clemencia hasta que un ruido mayor opacó su voz. Acto seguido apareció en pantalla la imagen de una sierra eléctrica. No me costó adivinar lo que estaba por suceder y tan pronto el aparato buscó el cuello del infeliz le devolví el teléfono a su due?o. Stefan rompió a reír y apuntando con el dedo al de la sierra exclamó: ?Este tipo es mi héroe! Unos minutos después desandaba el pasillo rumbo a mi salón, cuando mi ex-alumna Mariah llegó corriendo a preguntarme si quería ver el video de su última pelea. Le respondí que no, que por hoy había visto bastante. Pero ella insistió como quien invita a su fiesta de cumplea?os. Harto de sus ruegos accedí y un momento después la vi frente a su rival en la pantalla de su IPhone. En primer plano ellas dos rodeadas por un público expectante, al fondo las fachadas de un bonito vecindario. Mariah lucía diminuta, casi insignificante ante una rival que además de aventajarla en tama?o la doblaba en peso. Sin embargo, pronto quedó claro que Mariah la superaba en destreza. Relampagueante penetró por entre los brazos de la otra y medio segundo después la puso a rodar sobre el pavimento. El público empezó a gritar y Mariah, aprovechando el impulso, agarró los cabellos de su presa y con ritmo maquinal, casi metódico, comenzó a golpearle el cráneo contra el concreto. ??Pero, qué haces!? –gritó un grueso se?or que apareció de repente-–. ?Eso es un abuso, cómo se te ocurre…! ?Suéltala! –a?adió intercalando una retahíla de ofensas- ?Suéltala, cabrona, suéltala…! Mariah obedeció al fin y poniéndose de pie se alejó unos pasos. Respiré aliviado al comprobar que la gigante se levantaba también, ilesa. Mi alivio, sin embargo, se esfumó al ver que las muchachas regresaban a sus puestos. El público empezó a animarlas y fue ahora el grueso se?or, quien levantando la mano reanudó la pelea. Estupefacto le pregunté a Mariah quien era, y ella no vaciló en responder: Es mi papá, se pone así cuando las golpeo contra el suelo. ?Estos muchachos no piensan más que en pelearse –me comentó esta ma?ana Mr. Roger– … El teléfono y la internet les están comiendo el cerebro?. Contrario a otras veces, no fue para quejarse que el viejo profesor de historia pasó por mi salón, sino para decime que se va, que no aguanta, que 30 a?os ya fueron bastantes. Planeaba retirarse el próximo verano, pero adelantó sus planes después que un estudiante intentó golpearlo en plena clase. Justo antes de marcharse me preguntó si no tengo miedo. Le respondí que no puedo pensar en eso, que sustos he pasado unos cuantos pero con el tiempo se aprende a vivir con ellos. Me vino a la mente Derrick, el muchacho de mirada esquiva y quijada esplendida, que decía tener 600 a?os y ser el último vampiro de cuantos cruzaron el mar hace tres siglos desde Escocia hasta Nueva Inglaterra. Vestía siempre de negro y bastaba ver la palidez de su semblante para saber que hablaba en serio. Nadie sin embargo le creía ni él se molestaba en convencerlos. Su misión, me dijo alguna vez, era demasiado importante como para perder el tiempo con humanos. Por eso no hacía caso a sus preguntas ni a sus sarcasmos. No tenía novia ni amigos y jamás lo vi sonreír durante el a?o que pasó conmigo. Sus notas fueron siempre magníficas y su disciplina la mejor de la clase, hasta el día en que, harto de burlas, saltó súbitamente de su asiento y a gritos lo escuché decir: Ma?ana voy a traer mi metralleta y no voy a dejar uno vivo en esta clase. Otra alumna inolvidable es Jennifer, la gigante que quiso ser quarterback del equipo de fútbol. Ni atletas ni entrenadores ponían en duda que a la ni?a le sobraban condiciones, pero el fútbol no es deporte para hembras y justo eso le dijeron el día que se presentó en los entrenamientos. El golpe fue demoledor, y a nadie preocupó más que a sus padres. La ni?a respiraba futbol y su práctica, más que una pasión era un sedante natural para sus nervios. A partir de aquel día Jennifer se encerró en sus pensamientos y ya no volvió a pronunciar palabra hasta que una ma?ana, camino al primer turno de clases, uno de sus compa?eros notó que su mochila le pesaba demasiado. Intrigado le preguntó si eran libros y ella le respondió que no le podía decir, pero que muy pronto iba a enterarse. Semanas después, concluida la investigación, nos enteramos de cómo logró armar el artefacto. Las instrucciones las encontró en internet, la batería en la ferretería del pueblo, el detonador en el mercado negro y las herramientas en el taller de su padre. De no haber sido por el ojo atento del muchacho y la rápida intervención de los agentes nos habríamos quedado sin gimnasio. … Miguel, lleva más de una semana triste y hoy durante la clase me confesó que si anda así, alicaído, que si no le dan ganas de hablar ni de escuchar “corridos perrones” es porque “agarraron al Chapo”. Me ha dicho también que en junio regresará a Sinaloa, su tierra. De allá vino a los cuatro a?os y a sus dieciséis, su tío, coronel de un cartel, lo invita a volver con la promesa de una chambita estable. En Culiacán esperan por él la metralleta que fue de su padre, su camioneta blindada y un pistolón enchapado en oro regalo del Chapo Guzmán, “el mero mero”. Le comenté mi opinión sobre sus planes y él, descartando mis razones, me respondió que no hay de qué preocuparse, que allá estará muy bien porque en Sinaloa su familia es intocable. Su padre –me aseguró- no murió traicionado, ni tampoco en combate. El lanzacohetes que lo mató le explotó en el hombro mientras practicaba en su rancho. Miguel apenas lo recuerda y consciente de que ya no podrá abrazarlo, sue?a con visitar el fastuoso mausoleo donde su héroe pasa la eternidad junto al corazón de Jesús, el papa Juan Pablo, tres cajas de tequila, la virgen de Guadalupe, dos fusiles de asalto y su adorada camioneta Ford F-150. A punto de terminar el día, sorprendí, medio agazapados bajo sus pupitres, a dos estudiantes que billete en mano apostaban a los dados. Rob, gigante formidable, fue el primero en reaccionar y fiel a su costumbre ripostó al agravio llamándome maricón, son of a bitch, asshole. Yo, fiel a la mía, lo expulsé inmediatamente de la clase. Masticando obscenidades se puso de pie y camino a la puerta me amenazó con “sacarme la mierda a patadas”. Ya en el pasillo le advertí que quería verlo después de clases, pero el Fuck you! con que me respondió me hizo pensar que por quinta vez me quedaría esperándolo. Unos minutos después sonó el último timbre del día. Siguió un tropel de pasos, gritos, voces que se alejaban. El salón se vació en segundos y como cada tarde pasadas las dos y treinta, el silencio me envolvió al fin. Sentado en mi sillón cerré los ojos, hice una inspiración profunda e intenté poner en blanco mi mente. A punto estaba de lograrlo cuando apareció Rob, o más bien cuando sentí sus pasos, pues no lo escuché llegar y para cuando abrí los ojos ya estaba parado frente a mí, como una aparición que llega sin anunciarse. Lo saludé y una leve sonrisa despegó sus labios. Noté de inmediato que algo –no supe qué- había cambiado en su semblante. Comenzó a hablar y su tono formal, casi solemne, más que sorprenderme me desconcertó. Vengo a pedirle disculpas, Se?or Echemendía -me dijo alternando la mirada entre mis ojos y el pizarrón-. Lo ofendí y eso no está bien. Usted es mi maestro y yo debo respetarlo –de momento tuve la impresión de que no era a mi quien hablaba. Su tono era el de quien se dirige a un auditorio colmado-. Mi padre siempre me dice que debo respetar a los adultos, que un buen cristiano no le dice esas groserías a un maestro. Porque quiero que sepa que mi padre es pastor y que yo también voy a ser pastor algún día y tendré mi propia iglesia. Es el sue?o de mi vida y lo tengo puesto en oración. Creo mucho en la oración, Mister, y por eso quiero orar ahora mismo por usted –exclamó modulando las palabras, como si se afinara la garganta-, por su familia, por mí, y por todos sus estudiantes -hizo entonces una inspiración profunda, bajó solemne la cabeza, y oró. Lazaro Echemendia Si te gustan mis cuentos no te olvides de dar “me gusta” en facebook abriendo este enlace: NOMBRETES o bajo mi fotografía en la columna derecha ===> Para recibir el blog directamente en tu email, escribe a decubacuentos@gmail.com, poniendo “Si” en el asunto. Para comprar el Libro La isla en cuentos, abre la entrada siguiente. Saludos. Publicado hace 4 meses Ver comentarios Romárico el nagüe contra las serpientes. Dos a?os pasó el nagüe en Sri Lanka como entrenador de boxeo. Del islote a un costado de la India no le impre-sionó el sabor extraordinario de su té, único en el mundo, ni el curri, ni el pittu, ni las extra?as vestiduras de su gente, ni las cabezas rapadas de los monjes budistas. De la fauna más antigua del planeta no lo impresionaron los leopardos, ni el mono con ínfulas de dios que habita en los templos, ni los búfalos, ni los elefantes amaestrados, sino la maldita circunstancia de las serpientes por todas partes. Recién llegado a Colombo, capital económica de la república, fue invitado a una cena organizada en su honor por un empresario local fanático del guaguancó. Criado entre los picos de la Sierra Maestra y due?o de un paladar bravío, el nagüe engulló sin problemas cuanto plato le pusieron `delante, desde arroz en hoja de plátano has-ta rodajas de serpiente frita. Los invitados, unos quince en total, observaban fascinados el apetito feroz del extranjero. El cubanito se aclimataba tan bien que parecía uno de los suyos. No muy avanzada la cena el individuo sentado a su derecha, abrió la boca de repente y desde sus profundida-des gástricas dejó escapar un eructo. Nadie, salvo el santiaguero, pareció sorprenderse. Desconcertado los vio a todos sonreír en tanto concentraban su atención en el anfitrión de la cena. Al unísono bajaron la cabeza y tras la reverencia colectiva se dio inicio al bombardeo. Aquí y allá comenzaron a estallar eructos al tiempo que Romárico, ya sin el ímpetu voraz de segundos antes, aguantaba la respi-ración a medida que el aire se iba haciendo más denso. Eructar —habría de enterarse más tarde— era noble tra-dición en aquellas tierras y una de las más exquisitas cos-tumbres de agradecer al anfitrión por la cena. El vaho se disipó finalmente y justo cuando el cubano se disponía a degustar un trozo de carne asada, comenzó la segunda fase del bombardeo. Esta vez fue una mujer, quien moviendo la cabeza en se?al de asentimiento, comenzó a mecerse de lado a lado sobre el asiento hasta dejar escapar los gases de su digestión. Pronto todos co-menzaron a imitarla y una carcajada colectiva seguía a ca-da fétida explosión. Veinte a?os después de su estancia en el país de los co-coteros, de su excursión a través de la selva hasta el gran templo de oro de Dambulla, el nagüe sólo recuerda el viaje de vuelta. El camino era agreste y, horror, infestado de ser-pientes. Ninguna lo aterraba más que la especie a la que los nativos llamaban la voladora. Regresaban después de pasar el día recorriendo las grutas milenarias que los antiguos construyeron en honor al gran Buda, cuando al chofer, cubano lo mismo que él, se le ocurrió invitarlos a comer en una aldea. Romárico se opuso de inmediato pero terminó cediendo a los ruegos de la pareja de nativos que los acompa?aba. Terminada la cena e instalados de nuevo en la camione-ta continuaron camino a través de la selva con la mayor densidad de serpientes en el mundo, tantas que sus cuer-pos crujían bajo el peso de las llantas. Atento a cada movi-miento, el nagüe comenzó a sospechar cuando mirando con el rabillo del ojo notó cierto movimiento a sus espal-das. Al instante se acercó al retrovisor y confirmó que en efecto la mujer se mecía. Un segundo después llegó la onda expansiva y el nagüe se lanzó a bajar la ventanilla. —Pero tú estás loco, le dijo el chofer, mira que se va a colar una serpiente. —Que serpiente ni serpiente -—le respondió Romárico tras comprobar que el hombre también se mecía-— ?Frena! ?Frena esta mierda! —gritó justo cuando llegaba la réplica. —Cómo voy a parar aquí ?tú estás loco? —replicó el chofer. —?Que me ahogo, cojone, o paras ahora mismo o me tiro! —ripostó a gritos el nagüe y sin darle tiempo al otro a reaccionar, abrió la puerta del carro y se lanzó al aire puro. Así termina la historia de cómo Romárico el nagüe se enfrentó a las serpientes. Fin. Lázaro Echemendia Si te gusta el blog te pido lo digas desde este enlace en facebook: NOMBRETES O bajo mi foto en la columna derecha ===> Si quieres recibir directamente el blog enviame un email a decubacuentos@gmail.com. Escribe Si en el asunto Publicado hace 1 a?o 1 nota ? Ver comentarios Etiquetas: apodo, sobrenombre, cuba, cubano, cubanos, apodos, sobrenombres, . Fallo del XXI Certamen de Relatos Cortos “Meliano Peraile” 13 de Junio del 2013. Mi cuento “La noche del general” gana el primer premio en concurso de relatos celebrado en Madrid. LE http://www.ateneocultural1mayo.org/index.php?option=com_k2&view=item&layout=item&id=200&Itemid=206 Publicado hace 3 a?os Ver comentarios Amor de mulato Conversaban hace unos días dos cubanas en una fiesta y yo que andaba cerca, me acerque atraído por el estruendo de sus risas. Nada muchacho -me comentó la que reía mas alto-… Que tengo una amiga hondure?a que anda con un mulato cubano. No somos tan amigas en realidad pero como sabe que soy cubana me vino a hablar del romance. Yo me interesé enseguida y me dijo: La verdad es que no me puedo quejar… con mis ni?os se porta como un padre y los educa muchísimo. Porque es un hombre con mucha educación y finísimo. Se pasa la vida leyendo libros y hablándome de poesías. Cari?oso y tierno en la intimidad lo que tú no te imaginas. Es la primera vez en la vida que me hablan con ternura en la cama. Ay! hablando de eso, hay una palabra que no entiendo y que cuando hacemos el amor el me dice todo el tiempo. A mi me da pena preguntarle pero como eres cubana tendrás que conocerla. Tú sabes que quiere decir morronga? Publicado hace 5 a?os Ver comentarios Tweet Google+ Tweet Facebook Popup Widget Contactame aquí con tus preguntas, historias que contar, etc Entrevista del autor para el blog Sopa de cabillaEl mejor sandwich cubano de North Carolina Mi blog Todo sobre Tumblr Seguir en Tumblr Feed RSS Aleatorio Archivo Móvil ? 2011–2016 Proporcionado por Tumblr

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